Vorticella.

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Vorticella campanula: uno de los más grandes y más comunes de los ciliados pertenecientes a este género.

Entre los minúsculos y unicelulares protozoos ciliados, comúnmente nos podemos encontrar con unos “animálculos” con forma de campanita invertida y con una corona de cilios en su parte superior, mientras que en la inferior se estira como un filamento hasta agarrarse a algo que le sirva de sustrato. Se trata del común y cosmopolita Vorticella.

Este ciliado se alimenta generando corrientes de agua con sus cilios. Muchos pensarán que son animales filtradores, y que usan sus cilios para atrapar a sus presas. Pero, en realidad, no es así. Los cilios se mueven rápidamente, en un movimiento de contracción individual, y ese movimiento genera microcorrientes de agua que llevan el alimento hasta la “boca” del animal, situada en la parte superior (y según qué especie).

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El ciliado Vorticella, agita los cilios de su corona para crear microcorrientes de agua que le llevan el alimento hasta la boca.

El movimiento de los cilios se aprecia perfectamente en el siguiente video (el animal está grabado desde la parte de arriba, de modo que se ve la corona circular de cilios). Los cilios se agitan obedeciendo a una contracción sucesiva concatenada. En otras palabras, hacen “la ola”.

En este otro vídeo, a cámara lenta, se aprecia mejor el movimiento de los cilios.

 

Los Vorticella, y según las especies, pueden formar grandes colonias de cientos de individuos, todos ellos agarrados con sus filamentos contráctiles a alguna superficie.

En este otro vídeo se observa mejor la contracción a cámara lenta. Se ve que el miedo es contagioso.

 

Los ciliados protozoos presentan reproducción sexual (denominada conjugación) y reproducción asexual (mucho más común) . En Vorticella la forma más común de división es por bipartición, como se aprecia en el siguiente video. Recordemos que en la reproducción asexual, las células resultantes son genéticamente clónicos.

Y en esta última grabación se aprecia el inicio de una posible gemación.

 

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Los ciliados Vorticella pueden reproducirse asexualmente por gemación (izquierda) o por bipartición (en medio). El resultado (derecha) son dos individuos genéticamente iguales.

 

 

 

Utethesia: la mariposa arlequín y el aposematismo.

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Las mariposas suelen ser uno insectos llamativos por sus grandes alas. Si a nosotros nos resultan bonitas, para los pájaros aún más, pues se alimentan de ellas todo lo que pueden. Y si el insecto adulto les resulta apetitoso, no te digo una jugosa oruga regordeta. Muchas mariposas han adoptado formas y colores crípticos, o se han  vuelto nocturnas, para evitar a los pájaros. En las orugas ocurre otro tanto. Sin embargo, existe la estrategia totalmente contraria. Es decir, algunas especies no se esconden, sino que se pasean a plena luz del día sin ningún temor. Tanto en mariposas como en orugas. El caso de hoy es especialmente llamativo por su rico colorido, de ahí el nombre de “arlequín”.

Esta mariposa tiene un colorido muy llamativo formado por una rica combinación de manchas negras y rojas sobre fondo blanco. Ello es porque la mariposa tiene en su cuerpo toxinas que le dan muy mal sabor (incluso puede provocar daños en el hígado de los pájaros). De esta manera, se puede pasear  entre planta y planta, segura de que ningún pájaro se va a atrever a comérsela. Es posible que algún que otro pájaro novato e incauto decida probarla, pero pronto aprenderá que no es comestible. Y dado el llamativo colorido, no le costará recordar cuáles mariposas se pueden comer y cuáles no.

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La mariposa arlequín posee un colorido llamativo para avisar de que es venenosa. Esta estrategia se denomina aposematismo o mimetismo mulleriano.

Los coloridos de alarma, como éste de la mariposa arlequín, o como el de las avispas, se denominan aposemáticos (sema=significado), y la forma de mimetismo con colorido aposemático se denomina mimetismo mulleriano.

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Oruga de la mariposa arlequín, alimentándose de las hojas de Heliotropium, la planta de donde la oruga obtiene las toxinas para hacerse venenosa.

¿De dónde sacan las toxinas las mariposas?. Puede que lo sinteticen ellas mismas, pero en muchos casos necesitan de compuestos orgánicos que le sirvan de materia prima. Durante la fase de oruga, el animal se alimenta de plantas que tienen esas toxinas, las cuales el bicho acumula en su cuerpo. ¿Curioso, verdad?. ¿Y cómo sabe el animal que la planta tiene toxinas o no?. Pues por el olor. Sí, efectivamente, por el olor. Los adultos perciben ligerísimos aromas de las plantas que les indican cuáles tienen esas toxinas y cuáles no. Luego, la hembra, una vez localizada la planta, va poniendo los huevos en lugares escondidos para que las orugas se alimenten de esa planta.

En nuestras latitudes andaluzas una planta muy comùn con esa toxina es Heliotropium , una simpática hierba de florecillas blancas (ya, incluso, ornamental) que crece en cualquier campo, solar y cuneta. La oruga de Utethesia se puede alimentar de otras plantas tóxicas pero Heliotropium es extremadamente común.

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Argiope: la araña del verano.

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Argiope bruennichi. Macho a la izquierda. Hembra a la derecha.

Durante el verano, las argiopes tejen sus grandes telas para atiborrarse de la explosión de bichos del verano. Luego, por septiembre y octubre se dedican a la reproducción. Los machos se juegan la vida para poder dejar sus genes a la descendencia, y luego las madres dejan una gran prole envuelta en un nido de seda, hasta que las crías rompen el capullo y se dispersan para, durante el invierno y la primavera, instalarse en la hierba, tejer sus telas y crecer lo más rápido posible.

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Argiope bruennichi. El macho, a la derecha, es mucho más pequeño que la hembra, a la izquierda.

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Hembra grávida de Argiope bruennichi.

 

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Cápsula de seda con la nidada en su interior. Las pequeñas arañas se desarrollan en su interior.

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La prole de Argiope bruennichi permanece agrupada antes de salir a buscarse la vida.

 

 

Amebas.

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La ameba arrastra una diatomea que ha ingerido (tal vez una “navícula”) . El núcleo  está en el extremo trasero en una región llamada uroide. 

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Las amebas son organismos unicelulares heterótrofos, es decir, se componen de una sola célula y se alimentan de otros seres vivos o de los restos de otros seres vivos. Su peculiar forma de movimiento sigue siendo una gran rompecabezas. Es de suponer que los brazos o pseudópodos que genera es gracias a la rápida formación de redes de microtúbulos dentro de su cuerpo (citoesqueleto). Luego las vesículas, lisosomas, vacuolas y otros orgánulos se mueven simplemente por inercia hidráulica.

En la fotografía de más arriba, la ameba arrastra una diatomea ingerida, que seguramente está disolviendo en un gran lisosoma (si bien la membrana del lisosoma está fuera de toda la resolución óptica del microscopio).

 

En el vídeo de arriba se muestra el tipo de movimiento “ameboide” característico. El último vídeo muestra varios tipos generales de amebas.

Rotíferos.

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Visión dorsal (derecha) mostrando los ojos, y visión ventral (izquierda) mostrando el mástax (ése pequeño triangulito con estrías).

Los rotíferos son unos animales microscópicos de agua dulce que están por todas partes, debido a la gran resistencia de sus huevos y quistes. Son totalmente inofensivos y se alimentan filtrando el agua. Aunque más bien, lo que hacen es crear microcorrientes de agua con sus dos coronas de cilios para llevar a las algas microscópicas a su boca. Luego las mastica con su musculosa faringe llamada mástax.

Las dos coronas de los rotíferos,  están llenas de cilios, los cuales quedan agrupados en haces que se agitan, estirándose y contrayéndose como látigos. Da la sensación de que los haces de cilios giran o rotan, y de ahí el nombre del animal. Pero, en realidad, los cilios no se mueven de su lugar. Se estiran como un látigo con un impulso nervioso, y el impulso viaja por la corona, provocando el estiramiento de los cilios a su paso. Ello da la apariencia de que rotan, pero en realidad no lo hacen.

Zygnema y los “huevos estrellados”.

Zygnema es una pequeña alga filamentosa que crece y prolifera en muchos charcos de agua dulce y ríos de todo el mundo. Tiene una gran particularidad, y es la forma estrellada de sus cloroplastos. Además, en el centro presenta una gran ” vesícula” más oscura llamada pirenoide. Todo ello hace que, salvando distancias, el conjunto se parezca a unos huevos fritos o unos ricos “huevos estrellados”.

El pirenoide es una parte protecia del cloroplasto que acumula proteínas, sobre todo la enzima Rubisco (Ribulosa 1-5 bifosfato carboxilasa-oxidasa) que es la primera responsable de iniciar el proceso de fijación del dióxido de carbono.

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Rico menú de huevos fritos y estrellados. La “yema” es el pirenoide del cloroplasto, que contiene la importantísima enzima Rubisco. La “clara!” es el resto del cloroplasto  cuyas membranas quedan teñidas de clorofila.